La política no es una isla

26 de noviembre de 2025

La política no solo es visible desde las instituciones que, con toda obviedad, la ejercen: los partidos políticos, los diputados, los alcaldes o los presidentes. La política también se practica a través de instituciones no visiblemente políticas, como aquellas que administran la salud, controlan la educación o clasifican a la población.

Los deportes han funcionado igualmente como un terreno de combate donde se gestan luchas ideológicas relevantes para los países y las regiones. Uno de los ejemplos más evidentes se encuentra en las Olimpiadas durante el periodo de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética no solo competían por encabezar el medallero, sino por demostrar si el hombre capitalista era mejor que el comunista. Esta lógica sigue vigente, aunque con otros matices: ya no es comunismo vs. capitalismo, sino distintas versiones de capitalismo, representadas principalmente por China y Estados Unidos.

En el fútbol, cuando pensamos en este escenario de lucha política por otros medios, nadie viene más a la mente que el FC Barcelona y el Real Madrid, clubes pertenecientes a La Liga española. Llopis Goig (2017), en su artículo Footballand Politics in Spain: An Empirical Analysis of the Social Base of the Main Football Clubs, realiza un análisis sobre seguidores de tres equipos de la liga española —entre ellos el RM y el FCB— y estudia tres elementos particulares de su base de fans: el nivel de sentimiento de pertenencia al país o a la región, el nivel de centralización política deseada y la ubicación en el espectro ideológico izquierda-derecha.

El objetivo del estudio era comprobar si existía una convergencia entre los aspectos ideológicos asociados con un club y las posturas de sus seguidores. La historia de ambos clubes va más allá de cien años. El FC Barcelona, desde su creación, ha estado vinculado a la identidad catalana, y algunos eventos lo demuestran: el apoyo a Francesc Cambó, líder regionalista de la Lliga Catalana; el asesinato de Josep Sunyol, presidente del club durante la Guerra Civil, a manos de un grupo franquista; y el famoso grito de “In-de, inde, independència” en el minuto 17:14, en alusión al año en que Barcelona cayó durante la Guerra de Sucesión. Por otro lado, el Real Madrid ha sido históricamente vinculado con el poder político madrileño, con una visión centralista, beneficiado por la dictadura de Francisco Franco, cuyo régimen se vio favorecido por el poderío del club, ganando cinco Copas de Europa seguidasdurante su mandato, lo que contribuyó a fortalecer su imagen.

El estudio arroja datos sobre las distintas visiones de los fanáticos de cada equipo. En primer lugar, muestra que existe un porcentaje alto de catalanes seguidores del FCB que se identifican únicamente con su región (26.4%), mientras que, entre los madrileños seguidores del Real Madrid, se identifican mayoritariamente (35.6%) como nacional español. Respecto al nivel de centralización territorial, la mayoría de los catalanes del FCB (42.6%) considera que debe favorecerse un Estado con regiones autónomas que eventualmente pudieran convertirse en Estados independientes; mientras que, entre los madrileños aficionados al Real Madrid, se prefiere (30.9%) un Estado con un gobierno central sin autonomías. Por último, en el eje izquierda-derecha, los seguidores catalanes se concentran, en mayor medida, en la izquierda, centro-izquierda y centro (46.7%); y los madridistas, en la derecha, centro-derecha y centro (43%).

Si bien estos datos parecen reflejar una compatibilidad entre la visión del club y la ideología de sus aficionados, la realidad es más compleja: existen matices y contextos que desafían las conclusiones del estudio. Lo que sí puede confirmarse es la necesidad de considerar el impacto que instituciones no políticas pueden tener en la formación del pensamiento colectivo. Las instituciones —políticas o no— contienen consideraciones éticas y valores que siguen trayectorias y movimientos políticos.

En el caso mexicano, aunque no existen en el imaginario colectivo asociaciones tan definidas como las mencionadas, sí se reconocen realidades como la utilización, por parte de ciertos grupos empresariales, del deporte para reafirmar su rol hegemónico, como en el caso de propietarios de cadenas televisivas que también controlan equipos de fútbol. Sería interesante ver en el futuro estudios sobre la necesidad (y capacidad) de sufrir de los aficionados del Cruz Azul como un reflejo histórico de la derrota de la izquierda; la nostalgia como herramienta para vencer la derrota entre los chivistas (mi caso); o los americanistas y su posible afinidad con la derecha mexicana.

El estudio de las instituciones no políticas, en ocasiones, nos permite medir la temperatura del pasado y del futuro de formas que el presente político no revela. Parafraseando y transformando la frase de John Donne, debemos reconocer que la política no es una isla.

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