¿Quién habita el castillo?

3 de julio de 2026

En el Castillo, Franz Kafka relata la llegada de un agrimensor, persona encargada de medir terrenos, a un pueblo donde se le había contratado. Al llegar, descubre que su contratación había sido un error, lo que conduce a múltiples conversaciones con funcionarios y personas, las cuales no daban respuestas claras a su estancia y la encomienda por la cual se hallaba ahí. El castillo del pueblo, lugar inaccesible donde se encontraba el poder político, aparecía como una enigmática figura que dictaba el quehacer de todos, pero nadie parecía poder acceder a él o conocer su naturaleza.

Los tiempos de hoy, donde circulan en el aire los términos inestabilidad política y crisis democrática, nos recuerdan a este tipo de poder, el cual en ocasiones es reconocido, votado y seguido, pero lejano e inaccesible.

La reconfiguración que estamos viendo en el mapa político latinoamericano, donde, en apariencia, la derecha está reposicionándose como la mayoría ideológica de la región, admite distintos análisis. El más evidente es que la izquierda no ha logrado corregir o por lo menos reducir exitosamente las problemáticas que compartimos la mayor parte de América Latina; pobreza, desigualdad, crimen y nulo crecimiento económico. Pero esta idea pierde fuerza al momento en que analizamos la contraparte, en donde igualmente, la derecha no ha tenido gobiernos exitosos los últimos años; El Chile de Piñera y su inestabilidad social, Bolsonaro en Brasil y su falta de reconocimiento en su derrota, y Milei, y su promesa fallida de la transformación económica de Argentina, confirmada por el aumento de la desigualdad, caídas en el consumo y poder adquisitivo.

La versión de los hechos que propongo es que el fracaso de los proyectos políticos en ambos espectros ideológicos para solucionar los problemas sociales más apremiantes, está llevando a la población a votar por perfiles no políticos, los cuales en este momento están encontrando espacios en plataformas de derecha. Dicho esto, no es que los perfiles no políticos sean naturales en la derecha. La izquierda, en su momento representó bajo la identidad de sindicalistas, académicos, intelectuales y artistas, el refugio de la no política. Algunos dirán que todavía es el caso, pero en un momento en donde los medios digitales toman tanta relevancia para las elecciones de nuestros representantes, la capacidad de un candidato por lograr aparecer en una pantalla a menos de 1 metro de distancia de virtualmente todo el mundo, lo cual se logra sobornando al algoritmo, vuelve al punto focal de la campaña la capacidad de pago de la viralidad. No es coincidencia que la mayor parte de los mandatarios de derecha sean millonarios, con cabida de poder invertir en esto. El razonamiento es un tanto paradójico: quien se apodere del discurso de la no política es la persona que terminará ganando políticamente y el discurso hoy se posiciona pagando.

La política que siempre ha ganado, es la política de la no política, de la misma negación del funcionamiento de cualquier poder. Si bien la derecha está ganando el discurso en la región, idea fundamental para aceptar en caso de que queramos hacer algo al respecto, seguimos en tiempo de exhibir que ya ostentan un poder que en ocasiones vence al político; el poder económico. A la derecha habrá que frenar dejando claro quien habita el castillo.

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