¿Qué podría ser peor?

18 de agosto de 2025

“Ser mujer, ser indígena y ser pobre; es lo peor que te puede pasar en la vida”, afirmó desatinadamente la Gobernadora del Estado de Campeche en un discurso que buscaba respaldar políticamente a la Presidenta de la República y que terminó por evidenciar su falta de conocimiento sobre la interseccionalidad y la agenda política en favor de los derechos humanos de las mujeres. 

Aunque podría parecer un mero error discursivo, la trascendencia de la noticia reside precisamente en la importancia de los discursos políticos: pues aun cuando no sean suficientes por sí solos para cambiar las realidades sociales, son una herramienta clave para evaluar el grado de compromiso y conocimiento de las y los dirigentes respecto a la agenda de derechos humanos de las mujeres.

​Este error puede ser un detonante oportuno para cuestionarnos: ¿qué es lo peor que podría pasarnos a las mujeres en México? 

Recientemente, nuestro país ha presentado su décimo informe periódico ante el Comité CEDAW, a través del cual se evaluarán los avances sobre la eliminación de la discriminación contra las mujeres. Por lo que, a partir de este informe y del informe alterno elaborado por organizaciones feministas, contamos con un diagnóstico preciso y actualizado sobre los avances, retos y retrocesos en la materia.

Los resultados informados ponen de manifiesto diversas preocupaciones, de las que podríamos resaltar: presupuestos insuficientes, la ausencia de políticas públicas integrales para atender a las mujeres víctimas de violencia, la eliminación de programas fundamentales como las estancias infantiles, la reducción presupuestal para la salud sexual y reproductiva, la educación y la ciencia, y la neutralidad de las políticas de bienestar.

​A esas preocupaciones agregaría que tal vez, lo peor que podría pasarnos a las mujeres, es la agudización de la violencia,que los discursos no se materialicen en políticas públicas concretas, que persistan las reducciones presupuestales en el próximo ejercicio fiscal, que la renovación del Poder Judicial no logre garantizarnos el acceso a la justicia, que la creación del Sistema Nacional de Cuidados continúe sin ser una prioridad en la agenda legislativa y que el incumplimiento del principio constitucional de paridad de género siga gozando de impunidad. 

​Pero lo peor, sería quizá, que “el tiempo político de las mujeres” no se traduzca en mejores condiciones de vida para las mexicanas, especialmente de quienes atraviesan categorías sociales con mayores riesgos de disciminación y desigualdad.

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