El video en el que una conductora realiza actos de racismo y discriminación contra un elemento de seguridad ciudadana de la Ciudad de México se viralizó rápidamente en las redes sociales. La magnitud del impacto en la opinión pública fue tal que la noticia incluso fue abordada durante una conferencia matutina de la Presidenta de la República.
Tras la polémica escena en la que también aparecen un par de adolescentes, las redes sociales hicieron su magia y en poco tiempo, ya se conocían detalles como el nombre de la persona agresora, su nacionalidad, su ocupación e incluso sus relaciones personales; abriendo una intensa discusión sobre un problema añejo y persistente en nuestro país.
Es indiscutible que la discriminación vulnera la dignidad de las personas y no debe ser tolerada ni mucho menos justificada. Además, nuestro marco jurídico establece prohibiciones explícitas y sanciones para quienes la cometan. Sin embargo, resulta importante reflexionar sobre las reacciones que esta situación ha provocado.
No es novedad en nuestro país existe una tendencia a relacionar la justicia con el punitivismo, considerando que la privación de la libertad y la severidad de las penas serían las soluciones más efectivas para todos nuestros problemas. En este caso, no es la excepción.
Las opiniones expresadas en redes sociales en vídeos que rebasan las 100 mil vistas respecto a la persona rápidamente identificada como “lady racista” no solo condenan lo ocurrido, sino que reflejan un rechazo generalizado agravado por su nacionalidad y el precio del auto que conduce; la postura predominante es que multarla sería insuficiente y que la deportación sería una medida indispensable.
Sobre estos últimos aspectos, resulta interesante observar cómo en las redes sociales se glorifica y se lincha mediáticamente a las personas casi por los mismos motivos.
Al mismo tiempo en el que parece que el valor de las personas se mide por la marca del auto que manejan, las colegiaturas escolares que pagan por sus hijos o el destino de sus vacaciones de verano; vemos como los condenables actos de discriminación (porque lo son) se agravan por el hecho de conducir un auto de “alta gama”.
En mi opinión, las escenas con gritos discriminatorios reflejan lo que hay en la mente y el corazón de quienes los emite; lo mismo sucede con los mensajes y juicos en redes sociales.



