El fiscal acude a la casa de su amigo, El Ruso. Busca algún norte, algún aliento, ojos frescos que le permitan identificar lo que pudiera tener enfrente pero no ve.
Su amigo, enfermo desde hace tiempo, se sienta y le dice: “¡Yo estoy de acuerdo con vos, eh! Yo hace 50 años que vengo diciendo que todo esto se va a la mierda. Sube un gobierno y dice que va a cambiar las cosas, e inmediatamente llama a los mismos hijos de puta de siempre… Pero, ¿te digo algo? Algo puede salir mal; alguien se descuida ¿no? Y aparece un espacio mínimo, una rendija, eso. Se abre y se cierra, se cierra rápido. En ese momento tienes que estas adentro. Y ahí sí. Ahí sí se pueden hacer cosas”.
El fiscal no quiere ser comparsa. Eso de quedar atravesado entre las patadas de los poderosos no le apetece. Pero sabe que están a punto de llamarle y decirle que el caso es suyo, que lo tome, que le eche para adelante.
Técnicos o rudos
“Argentina, 1985” (Santiago Mitre, 2022) es un drama político e histórico que elabora su relato alrededor el llamado “Juicio de las Juntas”, cuando se llevó ante la justicia civil a aquellos militares que gobernaron ese país a finales de la década de los años setenta e inicios de los ochenta.
Dicho sea con respeto y con las distancias temporal y geográfica que hay de por medio, la película nos presenta una buena concatenación de hechos, decisiones y actores donde se perciben las tensiones que implican los procedimientos que se sostienen en regímenes nacientes. Allá, quienes viven en el país o sufrieron el periodo, han dicho por el contrario que el producto se siente poco nacional, y que busca encantar a los jurados de los festivales internacionales más importantes.
Esa parte, la de los festivales, de hecho se logró. Tuvo nominaciones en las mejores categorías en Venecia, España, Londres, Estados Unidos y un largo etcétera. Y entre los premios obtenidos, quizás el más reconocible por un grupo grande poblacional es el Globo de Oro.
En el guion es donde pueden verse algunas de las decisiones más importantes: así como se incorporan testimonios palabra a palabra, algunos actores decisivos de la realidad fueron omitidos en la versión cinematográfica. No es justificación, pero se entiende: porque no es un documental y si alguien quiere enterarse de lo que ahí sucedió, su primera fuente no debiera ser únicamente solo la película.
Otras decisiones que menos se ven están en aquello de salir a la luz, la exposición comercial. Como muchas de las películas terminadas para el momento de la pandemia del COVID-19, “Argentina, 1985” enfrentó la decisión sobre cuándo estrenar por streaming. Las crónicas de la época identifican eso mismo como el motivo por el que Sony Pictures se separó de la tarea de distribución.
El mano a mano
Además del retrato que pudiera hacer para un episodio particular de un país, la película representa el necesario equilibrio que debe existir entre las diferentes fuerzas políticas reales e institucionales —muchas veces más bien simbólicas— que se requieren en el trabajo siempre inacabado de construcción democrática.
En la película se trabaja sobre ficción, ya se dijo, no es un documental. Es necesario recordar de que los guionistas no fueron testigos y deben atender otras necesidades que impiden una reproducción directa de lo que sucedió o está documentado. Y, aún así, bien vale entender las dudas que tiene una persona que se desempeña como Fiscal en un entorno donde el parecer del Presidente importa mucho, el contexto está polarizado y los procedimientos están por definirse.
La película nos recuerda eso. Que un funcionario se desempeña profesionalmente en el servicio de un gobierno, pero que en los gobiernos hay personas, agendas y prioridades. Y que no siempre es sencillo identificar las diferencias.
Las ideas sólidas no caducan. Aquí va una parte de ese discurso que resuena en cualquier momento, en cualquier país. Julio César Strassera, el fiscal, dijo: “Este proceso no ha sido celebrado contra ellas (las fuerzas armadas), sino contra los responsables de su conducción… No son las Fuerzas Armadas las que están en el banquillo de los acusados, sino personas concretas y determinadas a las que se les endilgan delitos concretos y determinados. No es el honor militar lo que aquí está en juego, sino precisamente la comisión de actos reñidos con el honor militar”.
En la película se reproducen, casi de manera idéntica a lo real, las palabras que Strassera pronunció para presentar la acusación contra los militares. De hecho, algunas de las imágenes que vemos provienen del registro directo de aquel evento en 1985, particularmente sobre la reacción del público que lo presenció. Quien lo quiera ver puede encontrarlo en el canal de YouTube de la Secretaría de Derechos Humanos de la Argentina (SDHArgentina).
A ras de lona
Entre las diferencias entre lo sucedido y la película, quienes conocen han señalado que en la Sala de Audiencias recreada casi milimétricamente no se incluyó el crucifijo enorme que, en la realidad, sí colgaba sobre la cabeza del presidente del Tribunal.



