El científico se acerca al comandante. Reclama, papel en mano, que su solicitud de material para trabajar no fue autorizada por su jefe inmediato. El comandante, desconcertado, no entiende por qué aquello debiera interesarle: aquella no era su decisión y debía, en ese momento, supervisar la llegada de material médico.
Buscándole la mirada al científico, el comandante pregunta “¿Ha ganado usted alguna guerra?”. La respuesta es obvia, el silencio lo confirma. Y agrega: “Pues yo sí. ¿Sabe cómo se hace? Con orden, disciplina y cadena de mando. Ya no está usted en la universidad. Ahora usted es un pequeño engrane en una maquinaria enorme, y hará lo que su oficial al mando le ordene”. El momento es crítico. La valoración en el Reino Unido es que ellos junto con sus aliados —bando al que pertenece el general—, pierden frente a las Potencias del Eje, con la Alemania nazi a la cabeza.
Técnicos o rudos
Esta porción de escena pertenece a “The imitation game” (2014; director Morten Tyldum) conocida en México como “El código enigma”, estelarizada por Benedict Cumberbatch,personificando al matemático Alan Turing.
Basándose en el libro del matemático, divulgador científicoy pionero del movimiento gay inglés Andrew Hodges, el escritor Graham Moore escribió el guion por el que se llevóvarios premios, siendo el más conocido el Óscar. Es, en estos términos, su trabajo mejor logrado.
La historia se cuenta entrelazando tres momentosprincipales: una etapa temprana de la adolescencia, en los años 20 del siglo pasado; su importante paso por el Bletchley Park, donde se decodificaron las comunicaciones alemanas yla investigación por un supuesto robo que sufre Turing en la década de los años cincuenta donde se incluye el desenlace de su vida. Cada segmento de la historia impulsa y explica lo siguiente, permitiendo coleccionar las piezas necesarias para comprender lo complicado de una guerra, de una vida y de las relaciones entre personas.
Ese guion no tiene desperdicio como puede verse al inicio de este texto: una pregunta, un silencio y unas cuantas palabras le bastan a la escena para ubicarnos en la tensión de realidades que colisionan: La necesaria disciplina delejército frente al natural ambiente competitivo universitario; las soluciones de antaño que no satisfacen necesidades presentes; la fuerza de lo ordinario frente a la necesidad de innovar.
Morten Tyldum, fue nominado en la categoría de Mejor Director en los premios de la Academia. Por entonces se le señaló como con pocas posibilidades de hacerse con el triunfo y cómo no, si fue ese el año el mexicano Alejandro González Iñárritu alzó la estatuilla por “Birdman”.
El mano a mano
Es bueno redescubrir “The imitation game” en estos tiempos en los que el sabor a guerra mundial amarga todavía la boca.
Para no retroceder más, seguía replicándose todavía en redes aquel mensaje estadounidense de que la decisión sobre su papel en el conflicto Israel/ Irán tomaría dos semanas, cuando su titular del Ejecutivo apareció con tremendo golpe de timón: Estados Unidos había atacado, con unas doce bombas antibúnker, Fordow y 30 misiles se repartieron entre Natanz e Isfahán disparados desde submarinos colocados estratégicamente.
Luego, un periodo de paz más simbólica que verdadera. Anunciado, también, desde Estados Unidos. Mensajes apresurados, contradictorios; palabras que no se acompañan con acciones. Pero una paz construida sobre heridas solo puede infectarse y será cuestión de tiempo para que la enfermedad aflore. Guerras eternas, razones que se diluyen.
A la distancia, como vemos el desencuentro retratado en la película, es más fácil distinguir bandos. Los buenos contra los malos. Cuando se convive con el conflicto, como ahora, sabemos eso no es tan sencillo. La distancia regala perspectiva; lo inmediato, por el contrario, nos impide indagar en los detalles que importan.
El coronel le apostaba al orden, la disciplina y la cadena de mando, aun viendo que aquello no les daba el triunfo. El científico debió aprender los caminos para la gestión y los códigos de comunicación. Ficción al fin, pero con algunos ecos de veracidad.
Además del trabajo en equipo, las guerras se ganan tomando decisiones difíciles que no tendrían por qué darse a conocerinmediatamente. Junto con el orden y la disciplina, es necesario darle un espacio a la innovación y la posibilidad de pensar y ser diferentes; romper las reglas y, en algunos casos, hasta la cadena de mando. Todo con base en la inteligencia, en el cálculo. Jugándose las posibilidades, lanzando los dados.
A ras de lona
No es necesario vivir en guerra para valorar los beneficios del orden y la disciplina. Vivimos inmersos en organizaciones, por lo que conocer la cadena de mando es también esencial. Pero hay, siempre, espacio y necesidad para lo diferente, para el riesgo, para lo innovador. Todo en conjunto, sumando.



