En el espacio, el astronauta pregunta desesperado “Hola, HAL, ¿me recibes? ¿Me recibes, HAL?”. El computador —del que solo conocemos una especie de ojo rojo y su voz profunda— le responde: “Afirmativo, Dave. Te recibo”. El hombre ordena se le abra la puerta; necesita entrar a la nave. “Lo siento, Dave. Me temo que no puedo”, le dice la máquina y agrega “Sé que usted y Frank planeaban desconectarme y eso es algo que no puedo permitir… Aunque tomaron minuciosas precauciones en la cápsula para que yo no oyera nada, pude leerles los labios”.
Frank Poole, el otro astronauta, está por el espacio flotandosin rumbo fijo, sin destino predecible, sin posibilidades de regresar.
Técnicos o rudos
Ese diálogo se presentó en pantalla hace casi sesenta años. Se trata de la película “2001: Una odisea espacial” (Stanley Kubrick, 1968) planeada más como una experiencia inmersiva que como una película regular. Tal vez por ello esque rompe con la estructura narrativa lineal, presentando cuatro momentos, dos de los cuáles —el primero y el último— son prácticamente silentes y completamente abiertos a interpretación.
Para los estándares actuales, seguro resulta una película lenta. Para disfrutarla debe entenderse el momento en que fue hecha, cuando lo relacionado con el espacio parecía un género menor, de serie B. Disfrutarla digo, porque entenderla es otra cosa.
Planeada por años, teniendo como semilla un cuento corto de Arthur C. Clarke publicado veinte años antes, mucho se ha escrito, producido, proyectado y teorizado sobre “2001: Una odisea espacial”: Cada escena, cada detalle, existe por una razón o motivo.
A la vuelta del tiempo, la manera en que prácticamente adivinó la modernidad es escalofriantes. Se dice, por ejemplo, que durante la filmación Clarke pensó que aquello de que una computadora pudiera leer los labios era una exageración. Pero viendo los avances, para cuando la edición de la película estaba terminada, el autor había cambiado de parecer.
De todo ello, el personaje más memorable seguro es HAL 9000, una inteligencia artificial con base en una familia de computadoras funcionales a las que no se les conocía error. Representándola con un círculo o foco rojo que no se mueve,pero está en todos lados, los creadores de la historia logran materializar los miedos que provocan lo diferente, lo artificial. El miedo a lo que el humano puede crear solo para verse superado.
El mano a mano
Se viralizó —dicho en términos donde propagación pareciera equivalente a impacto— un estudio provenientedel MediaLab del Instituto Tecnológico de Massachusetts(MIT) del que se derivó la idea de que las herramientas de inteligenciar artificial provocan deterioro cognitivo y una probable disminución en las capacidades de aprendizaje de quienes echan mano de ellas. En otras palabras: el imponente ojo rojo del HAL 9000 contribuyendo a la estupidez de la humanidad.
Pero vamos por partes. Lo primero, al menos de parte de quien esto escribe, es reconocer que las poco más de doscientas páginas con las que cuenta el estudio son un asunto pendiente: contiene elementos propios de una disciplina que desconozco. Y para que esto no se volviera un chiste que se contase solo, no le pedí algún análisis al chatGPT.
Entiendo, por supuesto, lo que dicen las noticias sobre el estudio. Un poco más, tal vez, pues escudriñé sus páginas. Entiendo se trata del resultado de un estudio planeado para 60 personas, pero que terminaron reportando los resultados de 54. Todas ellas, por cierto, de entre 18 y 39 añosreclutadas —el uso del femenino es intencional, pues casi el 65% de las personas participantes se identificaron así— de cinco universidades de Boston. Entiendo, también, que la intención de quienes lo redactaron fue compartirlo en una versión “borrador”, es decir, no es una versión definitiva ni validada por algún comité, lectura por pares o cualquier otro procedimiento adicional, como regularmente sucede conescritos científicos. Finalmente, entiendo —pues literalmente lo expresan en las limitaciones del estudio—, que los hallazgos dependen del contexto por lo que no pueden generalizarse.
O dicho en positivo: a este estudio más que entendérsele como la verdad absoluta, es una pieza de un rompecabezas más amplio y que está, apenas, por armarse.
En el campo educativo, el debate se ha instalado. Ambas posturas, quienes piensan que ayuda frente a quienes piensan que atrofian, se dividen en bandos iguales. Creo que para cuando comience a tenerse algún acuerdo, lo importante será algo más.
A ras de lona
En 2018, editorial Debolsillo publicó un volumen con las cuatro novelas que componen la saga. Así, en poco más de mil cien páginas y con algo de paciencia, se puede leer lo que sucedió en 2001, 2010, 2061 y 3001, en el universo creado por Arthur C. Clarke. Lo novelado es más comprensible que la película de Kubrick.



