Suena una alarma. Un grupo de hombres conducen a otro, que después sabremos se trata del vicepresidente de los Estados Unidos, a una sala —muy seguramente la Sala Situacional o “Sit Room” en la Casa Blanca—. Son las 9:38 de la mañana del 11 de septiembre de 2001. Luego, un par de llamadas e instrucciones, entre ellas las de derribar cualquier avión que parezca sospechoso.
Una voz, que nos acompañará toda la película y hasta el final sabremos a quien pertenece, dice: “Según todos los testimonios de lo que pasó en esa sala aquel terrible día, hubo confusión, miedo e incertidumbre. Solo Dick Cheney vio algo más. Vio una oportunidad… así que no sorprende que cuando un vicepresidente burocrático y monótono tomó el mando, pasara casi desapercibido. Alcanzó una posición de autoridad como muy pocos líderes estadounidenses en la historia… cambió la vida de millones de personas. Lo hizo como un fantasma. Sin que la mayoría tuviera idea de quien era o de dónde venía”. Así los primeros minutos de la película.
Técnicos o rudos
El cine construye y transmite moldes, personalidades; en la suma de las historias que cuenta, se adopta lo que ahí se dice es bueno o normal y se le distingue de lo malo. Siendo que el fin del cine no es necesariamente el enseñar, quienes lo vemos definitivamente aprendemos. Y esto sucede aun cuando la historia se basa en hechos reales; o, tal vez, especialmente en este tipo de películas, porque finalmente lo que se expone en pantalla es una parte seleccionada con sesgo, a sabiendas de lo que se quiere compartir y lo que se quiere provocar.
Desde esta perspectiva, la película “Vice” (Adam McKay, 2018) es muestra clara. En América Latina, la película lleva por título “Más allá del poder”, en España, “El vicio del poder”. Esto debe señalarse porque el título original pudiera no decirle mucho a las audiencias fuera de Estados Unidos.
Sirve también conocer algunos datos de quien está detrás de la dirección, producción y guion, el también comediante, Adam McKay. Los trabajos de McKay incluyen el de ser el guionista principal, de 1995 a 2001, de “Saturday Night Live”, un longevo programa televisivo, especie de semillero de la comedia estadounidense desde la década de los años setenta. Por “Vice” logró las nominaciones al Óscar en las categorías de Mejor película, Mejor director (por segunda ocasión, porque dos años antes también estuvo nominado por “The Big Short”) y Mejor guion original (que repetiría tres años después, con su película “Don´t Look Up”).
La historia sigue algunos momentos en la vida de Dick Cheney, la persona que redimensionó la importancia de la vicepresidencia en los Estados Unidos, llenando los espacios que dejaba la indiferencia del presidente.
El mano a mano
La historia se desarrolla alrededor de lo querido por Cheney, desde una juventud en Wyoming que se endereza por así pedírselo su pareja, pasando por los buenos momentos en familia —que se viven mientras el país se encuentra en uno de sus peores momentos—, hasta llegar a la decisión de apoyar la candidatura de una de sus hijas a costa de lo que esto implica para la otra. Lo querido por Cheney, por cierto, hace eco con su corazón físico, al que solo reconocemos la mayor parte del tiempo debido a un par infartos que suceden como si nada, hasta que puede vérsele a todo color y en toda su consistencia al cierre del metraje.
Once minutos después de iniciada la película, justo en el momento en que Cheney encarrila su vida y justo antes de que aparezcan los nombres de actores y actrices, aparece una frase anónima: “Cuidado con el hombre tranquilo. Mientras que otros hablan, él mira. Mientras otros actúan, él planea. Y cuando finalmente descansan… él ataca”. Ese intercalado de frases o palabras, es un recurso que sienta muy bien para comprender el mensaje; una fiesta visual.
En la película, el elefante en la habitación de la que poco se quiere hablar, pero está presente, es la llamada “Teoría ejecutiva unitaria” la que lleva a una interpretación que disminuye los contrapesos en favor de una presidencia que lo prácticamente lo puede todo, por encima de los derechos humanos y los procedimientos para la creación de normas. Hace pensar cómo, para acumular poder, no se requiere necesariamente un cambio en la regla, sino una nueva interpretación de la existente.
Debe ponerse especial atención al montaje, categoría donde también estuvo nominada para los Oscar esta película y que ganó en los premios BAFTA. Se refiere al ritmo, al orden de la narración. Muchos mensajes están ahí, en momentos e instantáneas que se sobreponen a la narración principal; ahí, sin decirlo, se explican los sentimientos, las motivaciones, los impulsos.
A ras de lona
Cheney es interpretado por Christian Bale y la esposa por Amy Adams. Ambos recibieron nominaciones en los más importantes premios de la industria y no es la primera vez, pues lo mismo sucedió en “The Fighter” (David O. Russell , 2010) y “American Hustle” (también de David O. Russell, 2013).



